martes, 4 de marzo de 2014
Capítulo II. Y a ti ¿qué es lo que te gusta?
Al salir de la radio Mariela se encendió un cigarrillo y empezó a caminar inmersa en el recuerdo reciente de lo que acababa de ocurrir. La conversación con Arturo retumbaba en su cabeza "Piensa en lo que te gusta y cuando lo sepas me lo dices. De momento podrías darme las gracias". Pero lo que más le había impactado era la forma natural en la que su jefe describió lo que sentía cuando la veía. Sus palabras habían rescatado en ella un sentimiento de sensualidad hacia sí misma que la impulsó a agradecérselo ofreciéndose por completo.
Dio la última calada y entró a un bar cercano a comprar un paquete. Mientras recogía el cambio notó que alguien la observaba, miró hacia su derecha y se encontró con la sonrisa del becario.
- Ah, ¡hola...! - no recordaba su nombre, en realidad nunca lo había sabido.
El chico se puso de pie. - Hola Mariela, ¿qué tal? ¿sales ahora? ¿Te apetece tomar algo?
- ¿Estás sólo? - respondió ella mientras evadía la responsabilidad de responder si se quedaba a tomarse algo o no.
- Si, suelo venir a tomarme una birra al salir de la radio, ¿qué sería la vida si no fuese por estos momentos?
Evadiendo la responsabilidad de encontrarse con su marido al llegar a casa, Mariela fue a la barra, pidió una cerveza y se sentó con el chaval. Después de un buen rato en el que el becario le contaba a Mariela que la radio había sido su pasión desde niño y que su madre y la mujer del jefe eran muy amigas y, por ese motivo, él había entrado a hacer las prácticas allí, y después de varias cervezas más Mariela dijo:
- ¿Cuál era tu nombre?
- Me llamo Alex. - Respondió él.
- Alex es muy interesante todo lo que me cuentas y me alegro mucho por ti de que tengas tan clara tu pasión en la vida, pero es tarde y me tengo que marchar ahora que aún recuerdo el camino a casa.
- Claro - respondió rápidamente - y si quieres puedo acompañarte, puedo llevarte a casa.
- No te molestes, todavía estoy a tiempo de coger el metro.
- No es molestia, en serio, me agradaría mucho hacerlo. - dijo él en tono de súplica.
- Esta bien, vamos.
Salieron del bar y caminaron un par de manzanas hasta el coche de Alex. Él sin parar de hablar como si el momento lo pusiera tan nervioso que solo hablando podía controlarlo y Mariela callada, andando cabizbaja, respondiendo con monosílabos pero sin escuchar nada de lo que le decía. Más bien pensaba en todo lo que había pasado con Arturo y las pocas ganas que tenía de llegar a casa.
Después de una media hora de trayecto, Alex paró el coche en la puerta del edificio donde vivía Mariela.
- Gracias por traerme, no era necesario que te molestases, hasta mañana.- Ella seca, distante, protegiéndose de cualquier reacción inesperada del chaval.
- Mariela no te pega nada tu trabajo, te miro y me da la sensación de que escondes algo, no tiene por qué ser algo negativo, o si, es como si pareciese que no eres feliz. ¿Cuál es tu pasión? A ti ¿qué es lo que te gusta?
- Me gustaría poder contestarte. Gracias y hasta mañana.
Mariela bajó del coche, abrió la portería y entró sin mirar atrás dejando el sonido del coche arrancado a sus espaldas.
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