lunes, 17 de febrero de 2014

Marco, el italiano

Hace algún tiempo mi novio y yo conocimos a través de una página de contactos a un chico italiano, Marco. Al estar yo fuera de la ciudad un tiempo, mi novio y él se conocieron personalmente primero. En el primer encuentro que tuvieron ambos estuvieron calentando motores acerca de sus fantasías y, sobre todo, de las mías. Mientras tanto yo, a varios kilómetros de distancia, avivaba el fuego manteniendo comunicación constante con ellos.

Por fin llegó el momento. Marco había preparado el encuentro en un hotel del centro una calurosa mañana de septiembre. Nos había pedido la noche anterior que llevásemos un pañuelo y, por su parte, mi novio me pidió que fuese con falda y sin braguas. Me sentía una auténtica "bambola" (como Marco solía llamarme) al servicio de sus jueguecitos y eso era lo que me mantenía todo el tiempo mojada. Yo le pedí que se echara perfume para mantener su olor unos días en mi cuerpo.

Llegaríamos a las 11 y la consigna era: la puerta de la habitación estaría entreabierta, tendría que quitarme los zapatos antes de entrar, ponerme el pañuelo tapándome los ojos, entrar y avisarlo, él estaría en el baño esperando a que entrásemos. Y así lo hicimos.

Cuando mi novio me puso el pañuelo en los ojos y me quitó los zapatos empecé a sentir el escalofrío por mis piernas. Él me metió la mano por debajo de la falda comprobando que ya estaba mojada y me besó. Me fue dirigiendo para entrar mientras yo agudizaba mi oído y mi olfato. Después de dar unos 8 o 10 pasos noté una nueva presencia en la habitación y como me giraban 180 grados. A cuatro manos empezaron a manosearme los brazos, la espalda, el culo, los muslos, las tetas, el coño...todo mi cuerpo estaba entregado a sus caricias. Y empezaron a besarme y a chuparme la boca, el cuello, las tetas, la brarriga,... Y a la vez iban desnudándome. Alguno hizo que me sentara en la cama, me abrió las piernas y empezó a chupar, mordisquear mi clítoris. El placer era tan fuerte que sentí como mi cuerpo se dejaba caer en la cama sin yo poder hacer nada, sólo dejarme dar placer. El otro empezó a sobarme la cara y la boca.

Me hicieron arrodillarme en el suelo y empezaron a meterme una polla en la boca, primero poco a poco y luego los pollazos empezaron a ser más fuertes, entrando toda la punta de la polla en mi garganta, llegando a atragantarme. Los ojos me lloraban. Se iban turnando para meterme la polla de uno y luego la del otro. Me agarraban del pelo echándome la cabeza hacia atrás y me decían "Putita, bambola, ¿te sientes muy putita chupando polla?". No me dejaban responder tapándome la boca con sus pollas.

Después me quitaron la venda y así fue como conocí a Marco en persona, nos miramos a los ojos, nos sonreímos y nos dimos un morreo. Mi novio se tumbó en la cama con la polla muy dura entre sus manos, estaba dispuesto a ver el espectáculo como espectador. Marco me cogió de las caderas, me dio media vuelta y me hizo ponerme en pompa y a cuatro patas en la cama, posicionó su polla en mi entrada y empezó a darme. Yo como una loca, llena de placer, agarré las sábanas y empecé a hacer a mi novio que se acercara. Cuando me pongo así de cachonda la boca se me abre, la lengua se me sale y empieza a caerme baba como una perrita en celo. Y, resumiendo, necesito comer polla. Y así fue como Marco empezó a llenarme de leche por primera vez.

Fue el momento de abrir la botella de champán que estaba preparada para la celebración. Ummm, brindamos, bebimos, fumamos, reímos y fue tal la conexión que sin darnos cuenta ya estábamos otra vez en la cama los tres. Después de una carcajada yo me había tirado hacia atrás. Marco se tumbó a mi lado y empezó a besarme y al cabo de un momento me volvió a meter su polla dura en la boca. Mi novio bajó hacia abajo y mientras disfrutaba de la mamada que yo le estaba haciendo a nuestro amigo empezó a comerme el coño de forma deliciosa. Me corrí dos veces mientras Marco se corría en mi boca y me llenaba la boca de lefa que empezó a caer por mi barbilla.

Después me volvió a poner a cuatro patas en la cama y empezó a follarme como una fiera. Mi novio en el otro extremo de la cama me dio polla en la boca y se corrió para mí. Marco estaba llegando diciendo "No me cansaría nunca de follarme este cuerpo" y se volvió a correr dentro de mí.

Nos terminamos el champán, nos vestimos y así llegó la hora de despedirnos. Todavía recuerdo como temblaban mis piernas de camino al coche para ir a casa. Y también los varios días en que recordé el encuentro cada vez que tragaba saliva y me dolía la garganta de los pollazos que me habían dado.


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