sábado, 22 de marzo de 2014

La liberación


Igual os suena la frase: "Dentro de un yo hay muchos yos". En la vida podemos ser muchas cosas, desplegar nuestras alas en infinitas direcciones, tantas como vibren en nuestro interior. Es fácil comprender esto mentalmente, pero la compresión verdadera solo es posible con la experiencia. Así es como me decidí a explorar una parte de mí misma que vibra en mí desde siempre. Muchas veces olvidada, otras apartada por voluntad propia, incluso odiada. Tenía en mí el poder de decisión: hacerlo o no hacerlo. La parte que me impulsaba a hacerlo cada vez estaba siendo más presente y la parte que me decía "no lo hagas" defendía en mi mente su argumento. Yo estaba en medio, en lucha. Para cambiar esa situación de lucha comprendí que si hacía caso a la parte que me pedía que no lo hiciera , la parte que vibraba en mí diciendo "hazlo" no iba a desaparecer. Sin embargo, si lo hacía, si lo experimentaba, si hacía caso a la parte que me invitaba a hacerlo la otra parte desaparecería. Así que DECIDÍ.

Desde niña he vibrado con fantasías en las que un hombre o varios disfruta conmigo y de mí, con mi forma de hacer, con mi sentir, con mi sola presencia delante de ellos. Me gusta ser el "juguetito" sexual de hombres que necesitan desahogarse, descargarse.

La cita fue concertada en un hotel por horas. Allí conocí a un hombre al que le encantaba contemplar el cuerpo de una mujer desnuda, tocarlo, verla disfrutar y que esa mujer se entregase al placer de hacerlo disfrutar a él.

Mis manos untadas en aceite comenzaron a hacerle un masaje por todo el alrededor de la polla: nacimiento de los muslos, huevos, pubis... iba cambiando de una zona a otra y, de vez en cuando, una pasadita por la polla desde la base hasta la punta. Mis manos estaban muy calientes. Y él me contemplaba y admiraba mientras yo hacía todo esto arrodillada entre sus piernas desnuda.

Después de un rato, él se sentó apoyado en el respaldo de la cama y yo me senté entre sus piernas de espaldas a él. Su polla se rozaba con mi espalda. Empezó a acariciarme el clítoris con la mano y ahí empecé a ponerme cachonda.

Volvimos al masaje inicial. A él le gustaba una paja muy lenta y suave, sobretodo en la punta y con el pellejo protegiendo el glande. Así lo seguí haciendo, suave, despacio, con cariño, fluyendo. Mi cara reflejaba lo cachonda que me estaba poniendo la situación con los labios entreabiertos y la respiración aumentando.

Entonces me acosté en la cama boca arriba y él se puso encima con las piernas abiertas y mi cuerpo en medio a la altura de mis tetas. Yo me tocaba mientras él me las sobaba y de vez en cuanto también se pajeaba. Lo pajeaba y volvía a tocarme yo. Así llegué al orgasmo dos veces y le pedí que cuando se corriera lo hiciera encima mío por favor. En esa misma postura empecé a pajearle suavemente y, de repente, empezó a convulsionar, un montón de leche caliente y liquida empezó a salir de su polla y a llenarme las tetas.

Me pagó lo que habíamos acordado por el encuentro. Salí mientras me despedía de la señora de la limpieza del hotel y fui hasta el coche donde mi novio me esperaba cachondo y deseando escuchar la historia.

Ha comenzado mi liberación.

viernes, 7 de marzo de 2014

Capitulo III. Y a ti, ¿qué es lo que te gusta?


Al subir las escaleras Mariela empezó a sentirse mareada. No era por las cervezas, era el torbellino de emociones que bullían en su interior. ¿Tengo una aventura con mi jefe? Que piense en lo que me gustaría hacer. Que es todo un ritual verme aparecer. Y el becario que parece que no soy feliz. ¿Qué me pasa? ¿Qué es todo esto? ¿Qué es mi vida? ¿Quién soy?...Los pensamientos la avasallaban y tuvo que parar y sentarse en un escalón.

De repente le sonó el móvil. Miró la pantalla y ponía "MARIO", su marido. Bajó el volumen de la llamada, agachó la cabeza unos segundos entre sus piernas abiertas, tomó impulso y se levantó. Subió con pasos lentos, el móvil en una mano y el bolso colgando de la otra. Llegó arriba, el móvil estaba sonando de nuevo, abrió la puerta de casa y al entrar se cruzó con la mirada de su marido que tenía el móvil en la oreja.

- Mariela, ¿dónde estabas? Tres horas más tarde de tu hora. ¿Qué ha pasado?
- Nada, he salido tarde de trabajar, algunos contratiempos...- diciendo esto se dejó caer en el sofá exhausta.
- ¿Qué clase de contratiempos? - Mario impaciente.
- He salido tarde de trabajar y luego me he tomado unas cervezas...ya está.
- ¿Esto es todo lo que vas a decirme?
- No sé qué más quieres que te diga. - Mariela con desdén.
- Esto no funciona. ¿Lo ves? No hay comunicación, no cuentas conmigo para nada. Me paso el día entero pensando de qué manera podría llegar a ti, cómo hacerlo pero es imposible. No te dejas, Mariela.

Después de decir esto Mario empezó a caminar de derecha a izquierda nervioso.

- Otra vez no Mario, no sigas por ahí. - dijo ella aburrida.

Mario paró su paseillo y puso su cara a dos palmos de la de Mariela para que capatara toda su atención:

- No Mariela, otra vez no, esta será la última vez que te lo diga: o aceptas que vayamos al psicólogo o coge tus cosas y lárgate.

Mariela se quedó mirándo al que había sido su marido durante tres años inmovil. Su mirada se dirigía a él pero lo que ella veía era muy diferente. Veía la oportunidad de acabar con todo aquel sufrimiento que la estaba consumiendo y que se estaba llevando por delante su felicidad y la de una buena persona como era Mario. Veía la esperanza . Sus pulmones empezaron a llenarse de oxigeno como el que respira por primera vez después de haber sido rescatado.

- Esta bien, Mario. - dijo ella pausadamente - Siento haberte hecho gritar y el sufrimiento por el que te he hecho pasar. Sólo te deseo que seas muy feliz. No hay nada que arreglar, todo es perfecto ahora, Mario, somos libres.

Salió de casa dejando la puerta cerrada tras ella de un portazo sintiendo como si todo ocurriese a cámara lenta. La sensación de libertad era inmensa, sin culpa, sin miedos.



martes, 4 de marzo de 2014

Capítulo II. Y a ti ¿qué es lo que te gusta?


Al salir de la radio Mariela se encendió un cigarrillo y empezó a caminar inmersa en el recuerdo reciente de lo que acababa de ocurrir. La conversación con Arturo retumbaba en su cabeza "Piensa en lo que te gusta y cuando lo sepas me lo dices. De momento podrías darme las gracias". Pero lo que más le había impactado era la forma natural en la que su jefe describió lo que sentía cuando la veía. Sus palabras habían rescatado en ella un sentimiento de sensualidad hacia sí misma que la impulsó a agradecérselo ofreciéndose por completo.

Dio la última calada y entró a un bar cercano a comprar un paquete. Mientras recogía el cambio notó que alguien la observaba, miró hacia su derecha y se encontró con la sonrisa del becario.

- Ah, ¡hola...! - no recordaba su nombre, en realidad nunca lo había sabido.
El chico se puso de pie. - Hola Mariela, ¿qué tal? ¿sales ahora? ¿Te apetece tomar algo?
- ¿Estás sólo? - respondió ella mientras evadía la responsabilidad de responder si se quedaba a tomarse algo o no.
- Si, suelo venir a tomarme una birra al salir de la radio, ¿qué sería la vida si no fuese por estos momentos?

Evadiendo la responsabilidad de encontrarse con su marido al llegar a casa, Mariela fue a la barra, pidió una cerveza y se sentó con el chaval. Después de un buen rato en el que el becario le contaba a Mariela que la radio había sido su pasión desde niño y que su madre y la mujer del jefe eran muy amigas y, por ese motivo, él había entrado a hacer las prácticas allí, y después de varias cervezas más Mariela dijo:

- ¿Cuál era tu nombre?
- Me llamo Alex. - Respondió él.
- Alex es muy interesante todo lo que me cuentas y me alegro mucho por ti de que tengas tan clara tu pasión en la vida, pero es tarde y me tengo que marchar ahora que aún recuerdo el camino a casa.
- Claro - respondió rápidamente - y si quieres puedo acompañarte, puedo llevarte a casa.
- No te molestes, todavía estoy a tiempo de coger el metro.
- No es molestia, en serio, me agradaría mucho hacerlo. - dijo él en tono de súplica.
- Esta bien, vamos.

Salieron del bar y caminaron un par de manzanas hasta el coche de Alex. Él sin parar de hablar como si el momento lo pusiera tan nervioso que solo hablando podía controlarlo y Mariela callada, andando cabizbaja, respondiendo con monosílabos pero sin escuchar nada de lo que le decía. Más bien pensaba en todo lo que había pasado con Arturo y las pocas ganas que tenía de llegar a casa.

Después de una media hora de trayecto, Alex paró el coche en la puerta del edificio donde vivía Mariela.

- Gracias por traerme, no era necesario que te molestases, hasta mañana.- Ella seca, distante, protegiéndose de cualquier reacción inesperada del chaval.
- Mariela no te pega nada tu trabajo, te miro y me da la sensación de que escondes algo, no tiene por qué ser algo negativo, o si, es como si pareciese que no eres feliz. ¿Cuál es tu pasión? A ti ¿qué es lo que te gusta?
- Me gustaría poder contestarte. Gracias y hasta mañana.

Mariela bajó del coche, abrió la portería y entró sin mirar atrás dejando el sonido del coche arrancado a sus espaldas.

lunes, 3 de marzo de 2014

Lubricante comestible

En ocasiones tenemos compromisos personales o profesionales que nos apartan de nuestra rutina de placer. Durante unos días con la familia, en los que la intimidad era mínima, mientras dábamos un paseo pasamos por la puerta de un sexshop. Reducí la velocidad de mi paso a su altura mirando lo que me ofrecía el escaparate, miré a la familia y vi que no era oportuno pedir entrar con ninguno de los presentes.

Al cabo de un rato, mientras tomábamos un café en una terraza, decidí que necesitaba un momentito de escape. Me escapé para "ir al baño", entré al bar donde estábamos, salí por la puerta de dentro que daba al centro comercial donde estaba el sexshop y allí adquirí la joyita que os traigo hoy...



A todos nos encanta tener sexo con las zonas sensible bien lubricaditas, pero eso es muy fácil. Bien tenemos un lubricante normalito por casa o si no cualquier aceite de masaje nos puede servir para hacer la experiencia más placentera. 

Un paso más allá están los lubricantes aromáticos y, más aún, comestibles. El lubricante Plus Plaisir de la linea de cosmética erótica Secret Play tiene unas cuantas particularidades muy interesantes: Está hecho a base de Aloe Vera, planta que contiene propiedades nutritivas e hidratantes y estimula la activación de la circulación sanguínea, lo que conlleva un incremento de la sensibilidad en la zona a estimular. Está enriquecido con aromas frutales que aportan un aumento de la estimulación y es comestible.

Puedes elegir varios sabores: Fresa, Canela, Manzana, Moka, Chocolate o Frutas del bosque. Yo elegí el de canela porque me parece un sabor y olor muy exótico y, personalmente, me encanta. 

Utilízalo como un lubricante normal para añadir exotismo a tu relación. Puedes poner una cantidad en la polla a tu pareja, jugar con la boca soplando para hacerle sentir sensaciones de frío y calor, hacerle un buen masaje y luego con tu boca a disfrutar del sabor que hayas escogido. Sobre todo: deja tu imaginación volar y hazlo sin prisas, la calma te hace disfrutar de cada pequeño momento y hace que el momento final sea más placentero aún. 

miércoles, 19 de febrero de 2014

Capitulo I. Y a ti ¿qué es lo que te gusta?


Tu vida entera puede pasar por delante de tus ojos sin necesidad de morirte. Eso mismo le sucedió a Mariela, mirada perdida, recogiendo los vasos de plástico de encima de la mesa de la cabina de la radio donde trabajaba y metiéndolos en una gigante bolsa de basura. Alzó la vista y descubrió al joven becario que había en control mirándola con la boca abierta. A ella se le puso esa mirada tímida pero penetrante a la vez y después la bajó y siguió limpiando. Notó la humedad en su entrepierna. Poner cachondos a los hombres era su fantasía reina. Todas las demás fantasías siempre rondaban en torno a ésta.

Causaba sensación en el público masculino de todas las edades, belleza ibérica en estado puro: piel morena, ojos negros, pelo largo negro y rizado y buenas curvas. Sin embargo a penas follaba, o al menos no tanto como a una hembra en pleno apogeo sexual como a ella le gustaría. Su marido estaba loco con ella, pero no pasaban del misionero y "fóllame mientras me duermo o pienso en mis cosas".

- Mariela, pásate por mi despacho cuando acabes - le dijo Arturo, el director, desde la puerta de la cabina. Ella lo miró un poco sorprendida y asintió.

Este era otro al que ponía burro, Mariela lo sabía. Para qué negarlo el tío casi le doblaba la edad y ella se acababa de mojar mucho pensando en todo aquello. Terminó rápidamente. Lo de la limpieza no era lo suyo, no había nacido para eso. Se cambió en el baño y se puso la ropa que siempre solía llevar: un vestido negro entallado de algodón, cómodo y sugerente, leotardos negros y botas marrones. Se dirigió al despacho.

- Dime, ¿querías hablar conmigo?
- Si, Mariela, siéntate, esto es serio. - Ella se sentó nerviosa, esperando cualquier noticia. - Hay gente que se ha quejado, vienes unas cuantas horas al día y, en fin, no se nota demasiado.
- Bueno, yo...
- Mira, no te voy a despedir - la interrumpió él - Para mí ya es todo un ritual verte aparecer por la emisora con tu contoneo de caderas, limpiar con ese halo de misterio y ausencia que desprendes, tu mirada huidiza. Me alegras el final del día Mariela. Tú, ¿qué dices? Sé que necesitas el dinero que ganas aquí.

Mariela estaba boquiabierta escuchándo esto, pero consiguió mover los labios para afirmar- Si, lo necesito. Lo necesito mucho.-
- Haremos una cosa - dijo él. - Otra persona se ocupará de la limpieza, pero tú seguirás viniendo y mantendrás tu sueldo.
- Y ¿qué tengo que hacer?
- Piensa en lo que te gustaría y cuando lo sepas me lo dices. De momento podrías darme las gracias - terminó diciendo su jefe con una sonrisa picarona.

Mariela se levantó de la silla nerviosa. Él seguía sentado con una postura muy cómoda y confiada, la de una hombre que se siente muy orgulloso por lo que acaba de hacer. Ella dio unos pasos rodeando la mesa hasta ponerse delante de él. Le cogió la mano y mirándolo a los ojos le dijo:

- Gracias. Hacía mucho tiempo que un hombre no me decía esas cosas que has dicho sobre mí. - Posó la mano en su cadera y se la condujo con movimientos circulares hasta el culo por debajo del vestido. Hizo lo mismo con la otra mano. Ambas manos, debajo del vestido, comenzaron a bajarle los leotardos y a palpar su culito desnudo y fresco. Después una mano por delante y la otra por detrás empezaron a sobarle el culo y el coñito por encima del tanga. Lo hacía fuerte y a ella le encantaba.

Entre sobeteos la acercó todo lo que pudo hacia él para olerla...mmm estaba loco con su olor a hembra. Cuidadosamente Mariela fue bajando hasta ponerse de rodillas en el suelo, clavó su mirada en el paquete de Arturo y comenzó a abrirle la bragueta. La boca ya se le abría, la lengua se le empezaba a salir y notaba como aumentaba la cantidad de saliva en su boca. Mmmmm...menuda fantasía, comerle la polla al jefe, un clásico, pero que a ella no le había ocurrido nunca. Se la sacó y menudo rabo, enorme y duro. Con una mano le agarro la base y haciendo una "O" con los labios se los puso en la cabeza de la polla. Escondió toda la punta dentro de la boca y empezó a mover la lengua en espiral.

Arturo estaba echado hacia atrás disfrutando del viaje. Mientras le saboreaba la punta le iba agarrando fuerte de la base y empezando a mover la mano arriba y abajo. "Bffff...Mariela, qué boca, sabía que eras una buena puta desde el primer momento que te vi aparecer...chupa, chupa". Le agarró la cabeza con las dos manos, ella solto la mano que agarraba la base y él empezó a hacerla tragar hasta el fondo. Le sacaba toda la polla y se la volvía a meter de un golpe. Al chocar la polla de lleno en su garganta los ojos le lloraban y comenzó a salivar muchísimo, el charco de saliva empapaba el sillón.

Sin dejar de metérsela y de agarrarle la cabeza, Arturo se puso de pie para impulsarse más todavía. "Ohhhhh puta, qué boca de puta tienes Mariela, date la vuelta que te voy a llenar el coño de leche, me quiero correr en tu coño". Haciéndole caso se levantó y él le dio media vuelta y la empotró contra el escritorio, le arrancó el tanga, le metió la polla y...fueron una, dos y a la tercera embestida se vació en el coñito de Mariela, su musa, un chorro de lefa caliente y abundante, mientras se tambaleaba.

Continuará...


Os presento a Mariela


Esta noche se estrenará la nueva serie de relatos eróticos Y a ti ¿qué es lo que te gusta? cuya protagonista es Mariela, os la presento...




Un jardín de hadas


Hay una montaña muy cerca de aquí con la que he soñado durante muchos años. Chiquitita y encantadora, llena de sorpresas y de recónditos lugares. Tanto es así que incluso los que llevan años subiéndola dicen que siempre descubren algo nuevo. Aproximadamente hay una hora de ruta a pie y los coches no pueden acceder. Puedes ir por el camino marcado o también puedes adentrarte en rinconcitos de maleza buscando rutas alternativas y unirte de nuevo al camino en otro punto de la ruta.

Así lo hicimos mi novio y yo. Comenzamos caminando por el sendero parándonos de vez en cuando a mirar alguna planta, alguna piedra bonita y curioseando por aquellos rincones de final desconocido que te transportaban muy fielmente a una novela medieval.

Cuando llevábamos cerca de la mitad del recorrido hecho el camino se convirtió en unos escalones de piedra que empezamos a subir. Después de subir unos cuantos paramos al borde de uno. Bebimos agua calmando el calor veraniego y nos fumamos un cigarro. Ummmm...qué paz, poder descansar en un poquito de sombra disfrutando de toda la belleza natural que nos rodeaba. Me tumbé en el suelo con los brazos hacia atrás, estirándome y mi novio empezó a contemplarme. Comenzó a decirme lo preciosa que estaba y lo mucho que lo estaba poniendo en esa posición. Me incorporé para besarlo y me cogió la mano para ponerla en su paquete. Increíble, en cuestión de segundos ya estaba duro. Me sentó encima de él con las piernas abiertas y empezó a restregarse mientras me besaba. Yo me estaba empezando a mojar y entonces pasó una pareja caminando por donde estábamos. Los saludamos y decidimos calmarnos, ya que estábamos en un lugar muy transitado, y seguir caminando.

Fue precioso el recorrido hasta llegar a la cima donde se podía contemplar un paisaje impresionante e infinito. Decidimos comer en el restaurante que había allí: buena comida y muy buen vino. Nos sobró un poco y lo echamos en una botellita de agua que teníamos vacía. Empezamos a bajar y cuando llevábamos un tramo la botellita ya estaba vacía, nuestras risas eran mucho más fuertes y frecuentes y, resumiendo, íbamos borrachos.

Entre bromas mi novio me dice: "Hay por aquí, muy cerca, un jardín donde habitan hadas". Yo con cara de niña ilusionada le dije que me lo mostrara. Le seguí y entramos en un pequeño trocito de bosque húmedo, muy verde y encantador. Árboles enormes cuyas ramas caían y tenías que apartarlas con las manos para caminar. Cada vez me adentraba más y mi novio me seguía.

De repente me paré a observar la parte húmeda del tronco de un árbol y a tocarla, adoro esas texturas y esos aromas de humedad. Mi novio me cogió por detrás y me dio la vuelta: "¿Sabes lo bonita que eres?". Me subió la pierna derecha y la posó en su cadera y mientras me besaba empezó a restregarme el paquete. Lo notaba perfectamente a través de la fina tela de las mallas que me había puesto. Empezó a bajármelas y frotarme muy fuerte el clítoris. Yo me restregaba por el tronco del placer que estaba sintiendo, pensar que alguien podía estar viéndonos y disfrutando de la escena me gustaba y lo deseaba. Abrió el botón de su pantalón y bajó la cremallera. Se sacó la polla y empezó a pasármela mojada por todo el coñito. Después de unos momentos en los que hubiese parado el tiempo me puso la polla en la entrada y me la metió de una embestida fuerte y profunda. Y me folló salvajemente y yo me sentí como una putita a la que un forajido coge por sorpresa en medio del bosque para descargarse lo huevos en ella. Nos corrimos juntos y así nos tiramos al suelo húmedo abrazados mirando aquel cielo de hojas.