miércoles, 19 de febrero de 2014

Capitulo I. Y a ti ¿qué es lo que te gusta?


Tu vida entera puede pasar por delante de tus ojos sin necesidad de morirte. Eso mismo le sucedió a Mariela, mirada perdida, recogiendo los vasos de plástico de encima de la mesa de la cabina de la radio donde trabajaba y metiéndolos en una gigante bolsa de basura. Alzó la vista y descubrió al joven becario que había en control mirándola con la boca abierta. A ella se le puso esa mirada tímida pero penetrante a la vez y después la bajó y siguió limpiando. Notó la humedad en su entrepierna. Poner cachondos a los hombres era su fantasía reina. Todas las demás fantasías siempre rondaban en torno a ésta.

Causaba sensación en el público masculino de todas las edades, belleza ibérica en estado puro: piel morena, ojos negros, pelo largo negro y rizado y buenas curvas. Sin embargo a penas follaba, o al menos no tanto como a una hembra en pleno apogeo sexual como a ella le gustaría. Su marido estaba loco con ella, pero no pasaban del misionero y "fóllame mientras me duermo o pienso en mis cosas".

- Mariela, pásate por mi despacho cuando acabes - le dijo Arturo, el director, desde la puerta de la cabina. Ella lo miró un poco sorprendida y asintió.

Este era otro al que ponía burro, Mariela lo sabía. Para qué negarlo el tío casi le doblaba la edad y ella se acababa de mojar mucho pensando en todo aquello. Terminó rápidamente. Lo de la limpieza no era lo suyo, no había nacido para eso. Se cambió en el baño y se puso la ropa que siempre solía llevar: un vestido negro entallado de algodón, cómodo y sugerente, leotardos negros y botas marrones. Se dirigió al despacho.

- Dime, ¿querías hablar conmigo?
- Si, Mariela, siéntate, esto es serio. - Ella se sentó nerviosa, esperando cualquier noticia. - Hay gente que se ha quejado, vienes unas cuantas horas al día y, en fin, no se nota demasiado.
- Bueno, yo...
- Mira, no te voy a despedir - la interrumpió él - Para mí ya es todo un ritual verte aparecer por la emisora con tu contoneo de caderas, limpiar con ese halo de misterio y ausencia que desprendes, tu mirada huidiza. Me alegras el final del día Mariela. Tú, ¿qué dices? Sé que necesitas el dinero que ganas aquí.

Mariela estaba boquiabierta escuchándo esto, pero consiguió mover los labios para afirmar- Si, lo necesito. Lo necesito mucho.-
- Haremos una cosa - dijo él. - Otra persona se ocupará de la limpieza, pero tú seguirás viniendo y mantendrás tu sueldo.
- Y ¿qué tengo que hacer?
- Piensa en lo que te gustaría y cuando lo sepas me lo dices. De momento podrías darme las gracias - terminó diciendo su jefe con una sonrisa picarona.

Mariela se levantó de la silla nerviosa. Él seguía sentado con una postura muy cómoda y confiada, la de una hombre que se siente muy orgulloso por lo que acaba de hacer. Ella dio unos pasos rodeando la mesa hasta ponerse delante de él. Le cogió la mano y mirándolo a los ojos le dijo:

- Gracias. Hacía mucho tiempo que un hombre no me decía esas cosas que has dicho sobre mí. - Posó la mano en su cadera y se la condujo con movimientos circulares hasta el culo por debajo del vestido. Hizo lo mismo con la otra mano. Ambas manos, debajo del vestido, comenzaron a bajarle los leotardos y a palpar su culito desnudo y fresco. Después una mano por delante y la otra por detrás empezaron a sobarle el culo y el coñito por encima del tanga. Lo hacía fuerte y a ella le encantaba.

Entre sobeteos la acercó todo lo que pudo hacia él para olerla...mmm estaba loco con su olor a hembra. Cuidadosamente Mariela fue bajando hasta ponerse de rodillas en el suelo, clavó su mirada en el paquete de Arturo y comenzó a abrirle la bragueta. La boca ya se le abría, la lengua se le empezaba a salir y notaba como aumentaba la cantidad de saliva en su boca. Mmmmm...menuda fantasía, comerle la polla al jefe, un clásico, pero que a ella no le había ocurrido nunca. Se la sacó y menudo rabo, enorme y duro. Con una mano le agarro la base y haciendo una "O" con los labios se los puso en la cabeza de la polla. Escondió toda la punta dentro de la boca y empezó a mover la lengua en espiral.

Arturo estaba echado hacia atrás disfrutando del viaje. Mientras le saboreaba la punta le iba agarrando fuerte de la base y empezando a mover la mano arriba y abajo. "Bffff...Mariela, qué boca, sabía que eras una buena puta desde el primer momento que te vi aparecer...chupa, chupa". Le agarró la cabeza con las dos manos, ella solto la mano que agarraba la base y él empezó a hacerla tragar hasta el fondo. Le sacaba toda la polla y se la volvía a meter de un golpe. Al chocar la polla de lleno en su garganta los ojos le lloraban y comenzó a salivar muchísimo, el charco de saliva empapaba el sillón.

Sin dejar de metérsela y de agarrarle la cabeza, Arturo se puso de pie para impulsarse más todavía. "Ohhhhh puta, qué boca de puta tienes Mariela, date la vuelta que te voy a llenar el coño de leche, me quiero correr en tu coño". Haciéndole caso se levantó y él le dio media vuelta y la empotró contra el escritorio, le arrancó el tanga, le metió la polla y...fueron una, dos y a la tercera embestida se vació en el coñito de Mariela, su musa, un chorro de lefa caliente y abundante, mientras se tambaleaba.

Continuará...


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