miércoles, 19 de febrero de 2014

Un jardín de hadas


Hay una montaña muy cerca de aquí con la que he soñado durante muchos años. Chiquitita y encantadora, llena de sorpresas y de recónditos lugares. Tanto es así que incluso los que llevan años subiéndola dicen que siempre descubren algo nuevo. Aproximadamente hay una hora de ruta a pie y los coches no pueden acceder. Puedes ir por el camino marcado o también puedes adentrarte en rinconcitos de maleza buscando rutas alternativas y unirte de nuevo al camino en otro punto de la ruta.

Así lo hicimos mi novio y yo. Comenzamos caminando por el sendero parándonos de vez en cuando a mirar alguna planta, alguna piedra bonita y curioseando por aquellos rincones de final desconocido que te transportaban muy fielmente a una novela medieval.

Cuando llevábamos cerca de la mitad del recorrido hecho el camino se convirtió en unos escalones de piedra que empezamos a subir. Después de subir unos cuantos paramos al borde de uno. Bebimos agua calmando el calor veraniego y nos fumamos un cigarro. Ummmm...qué paz, poder descansar en un poquito de sombra disfrutando de toda la belleza natural que nos rodeaba. Me tumbé en el suelo con los brazos hacia atrás, estirándome y mi novio empezó a contemplarme. Comenzó a decirme lo preciosa que estaba y lo mucho que lo estaba poniendo en esa posición. Me incorporé para besarlo y me cogió la mano para ponerla en su paquete. Increíble, en cuestión de segundos ya estaba duro. Me sentó encima de él con las piernas abiertas y empezó a restregarse mientras me besaba. Yo me estaba empezando a mojar y entonces pasó una pareja caminando por donde estábamos. Los saludamos y decidimos calmarnos, ya que estábamos en un lugar muy transitado, y seguir caminando.

Fue precioso el recorrido hasta llegar a la cima donde se podía contemplar un paisaje impresionante e infinito. Decidimos comer en el restaurante que había allí: buena comida y muy buen vino. Nos sobró un poco y lo echamos en una botellita de agua que teníamos vacía. Empezamos a bajar y cuando llevábamos un tramo la botellita ya estaba vacía, nuestras risas eran mucho más fuertes y frecuentes y, resumiendo, íbamos borrachos.

Entre bromas mi novio me dice: "Hay por aquí, muy cerca, un jardín donde habitan hadas". Yo con cara de niña ilusionada le dije que me lo mostrara. Le seguí y entramos en un pequeño trocito de bosque húmedo, muy verde y encantador. Árboles enormes cuyas ramas caían y tenías que apartarlas con las manos para caminar. Cada vez me adentraba más y mi novio me seguía.

De repente me paré a observar la parte húmeda del tronco de un árbol y a tocarla, adoro esas texturas y esos aromas de humedad. Mi novio me cogió por detrás y me dio la vuelta: "¿Sabes lo bonita que eres?". Me subió la pierna derecha y la posó en su cadera y mientras me besaba empezó a restregarme el paquete. Lo notaba perfectamente a través de la fina tela de las mallas que me había puesto. Empezó a bajármelas y frotarme muy fuerte el clítoris. Yo me restregaba por el tronco del placer que estaba sintiendo, pensar que alguien podía estar viéndonos y disfrutando de la escena me gustaba y lo deseaba. Abrió el botón de su pantalón y bajó la cremallera. Se sacó la polla y empezó a pasármela mojada por todo el coñito. Después de unos momentos en los que hubiese parado el tiempo me puso la polla en la entrada y me la metió de una embestida fuerte y profunda. Y me folló salvajemente y yo me sentí como una putita a la que un forajido coge por sorpresa en medio del bosque para descargarse lo huevos en ella. Nos corrimos juntos y así nos tiramos al suelo húmedo abrazados mirando aquel cielo de hojas.





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